Hola,

Llevo meses observando algo que al principio me parecía maleducación y ahora empiezo a entender como una declaración de estatus.

Mis interlocutores más interesantes (clientes top, socios, gente con agendas serias) tardan en responder. No al WhatsApp, no al email, no a LinkedIn. Tardan días, a veces semanas. Y nadie se molesta. Al contrario: cuando responden, la conversación es de una calidad que ya no encuentro en chats que se contestan en cinco minutos.

Pensaba que era una rareza de mi entorno. Resulta que es un cambio cultural medido.

De los logos al "estoy hasta arriba"

Hace 127 años, el economista Torstein Veblen formuló la teoría de la clase ociosa. Su idea: los ricos comunican su estatus a través del ocio ostentoso y los objetos caros. Toda la lógica del lujo del siglo XX se construye sobre eso: el bolso visible, el reloj reconocible, el coche caro.

En 2017, la Harvard Business School documentó que esa lógica se había roto. Los profesionales con más estatus ya no presumían de tiempo libre. Presumían de estar saturados. "Estoy hasta arriba" se convirtió en el nuevo "tengo un Rolex". La ocupación pasó a ser señal de relevancia.

El problema es que el estatus de la ocupación es un lujo accesible. Cualquiera con un grupo de WhatsApp del trabajo puede sentir que está hasta arriba. Y cuando un símbolo de estatus se democratiza, deja de funcionar como símbolo.

Aquí es donde aparece el siguiente movimiento.

La élite ya se está bajando del lujo

Bain & Company publicó que entre 2022 y 2024 el mercado del lujo perdió 50 millones de compradores. No por la inflación. Por desinterés. Marcas como Burberry, Versace o Dior están viendo cómo sus clientes top abandonan los logos visibles.

¿Por qué? Porque el lujo se hizo accesible. Cualquier directivo medio en Madrid puede llevar un Loewe. Cualquier veinteañera en Instagram puede llevar un Louis Vuitton. Si el bolso identifica a todos, deja de identificar a nadie.

La nueva élite ha entendido algo más sutil. Sylvia Bellezza, profesora de Columbia, demuestra que cómo pasas tu tiempo libre dice más de ti hoy que la marca de tu bolso.

El verdadero lujo de 2026 es no responder. No estar disponible. No demostrar nada.

Una mañana sin abrir el correo. Un fin de semana sin Slack. Vacaciones de verdad, no esas en las que sigues "atendiendo cositas". Una sobremesa larga sin sacar el móvil. Eso es lo que distingue ahora a la gente que tiene tiempo (y por tanto poder) de la gente que solo aparenta tenerlo.

La ventaja española que estamos desaprovechando

España tiene aquí una ventaja cultural enorme y la estamos tirando por la ventana. Llevamos décadas con horario de comida largo, con un agosto que vacía las ciudades, con la sobremesa como patrimonio inmaterial. Históricamente todo esto se vio como ineficiencia frente a los modelos anglosajones.

Resulta que es exactamente lo que el resto del mundo está intentando comprar.

Mientras tanto, lo que veo en mi entorno profesional es la dirección contraria. Los directivos y emprendedores que más éxito creen estar teniendo son los que viven dentro de los grupos de WhatsApp. Compiten por contestar más rápido. Si tú lo haces, perfecto. Yo paso.

Mi tesis: en cinco años, cuando alguien te diga "perdona, no vi tu mensaje hasta ahora", no será una excusa. Será una señal.

Tres preguntas para esta semana

  1. ¿En cuántas conversaciones contestas rápido por miedo a parecer desinteresada, no porque tengas algo útil que decir?

  2. ¿Cuál sería tu primera reacción si cerraras el correo 72 horas seguidas?

  3. ¿Qué cliente, socio o amigo respeta más tu silencio que tu disponibilidad?

Si esas tres preguntas te incomodan, está bien. La incomodidad casi siempre es información.

Yo este fin de semana voy a probar una cosa concreta: nada de chats de trabajo desde el viernes a las 19h hasta el lunes a las 9h. Sin avisar, sin auto-respuesta elegante, sin agenda secreta. Simplemente fuera.

Te cuento el lunes qué pasa.

- Alisa

P.S. Si decides probarlo conmigo este fin de semana, respóndeme el lunes con una palabra: fuera. Quiero ver cuántas somos.

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